Profesor Cepellini

     

Le sobra una i, también una c por una z y le falta una p, pero tiene tanto volumen (de juego) como un zeppelin. Y es que a la mayoría de los jugadores ofensivos de este Sudamericano Sub-20 de Perú sí que les sobran arabescos y, en algunos casos, decenas de metros de acción.

Después de haber visto ya a todos los equipos, la primera observación no es muy diferente a la de ediciones anteriores. Sudamérica es siempre una cuna de talentosos futbolistas en lo individual, pero que a día de hoy conforman equipos que en lo táctico les sujetan como sujeta el profesor de un correccional. Siempre hablando a grandes rasgos, con toda la subjetividad que eso supone, para justificar los gritos que los técnicos mandan desde el banquillo hacia jugadores que, por las decisiones que toman, parecen sacados directamente del barrio.

Hemos visto un poco de todo, desde la fuerza y generosidad de Polenta (Uruguay), al toque de genialidad que abandera, sobre todo, Neymar (Brasil); del dribling repetitivo de Castillo (Colombia) al juego académico de Gaibor (Ecuador). Pero el transcurrir de un torneo tan largo –los seis finalistas jugarán nueve partidos- nos permitirá ver el recorrido y fondo de lo que han mostrado los futbolistas, algo para lo que debería ser decisivo el ensamblaje de sus equipos.

Una jornada deja detalles, que intentaremos no sean veredictos.

Argentina y Uruguay abrieron el campeonato sin demasiada claridad. La albiceleste se llevó el encuentro gracias a un despiste de marca en un córner de los uruguayos. Era en el descuento, y, al menos, si alguien había mostrado algo más de criterio esos fueron los charrúas. Gracias a los detalles (lo mínimo que dan 90 minutos), sobre todo, de Pablo Cepellini (Montevideo, 11/9/1991), el diez celeste.

Cepellini con la camiseta de Bella Vista.

Pocos quiebros de sobra, muchos de ellos para abrir el panorama: incitar a sus compañeros a moverse o hacer que los movimientos de estos sean aprovechados. Cepellini, al igual que su compañero Rodríguez, proviene de un modesto, el Club Atlético Bella Vista de Motevideo. Ahora los dos actuarán en Peñarol, que los adquirió hace pocas fechas. Así que hablamos de una perla que estaba bien escondida.

Frente a Venezuela, en el estreno de la Vinotinto, Uruguay volvió a mostrar, por momentos, aquello que quiere imponer sobre los rivales. En el primer tiempo estuvieron a expensas del ritmo que mostraban los venezolanos, pero cuando las fuerzas aminoraron, Cepellini cogió las riendas y Uruguay mostró otra cara, de las más interesantes de este torneo. Aunque habrá que ver la gasolina de los celestes, algo que hace dudar de su trayectoria viendo la energía que han mostrado otros conjuntos.

El enganche uruguayo es un agradable contraste de estos primeros partidos. No escasean los jugadores hábiles, pero faltan los que clarifican el panorama que, dicho sea de paso, guían sin palabras los movimientos que deben realizar sus compañeros. Mientras Cepellini nos alivia la vista, muestra el camino de su equipo, que para nada está limitado, el centrocampista Camilo Mayada, de gran ida y vuelta, así lo demuestra.

Y mientras los técnicos siguen desgañitándose para ordenar a sus jugadores, Cepellini es el mejor profesor con un giro de cintura y con la pelota a dos palmos de su empeine, así siempre está bien dispuesta para abrir una nueva vía o para incitar a los compañeros.

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