Prohibido olvidar Jalisco

Volviendo a repasar el Estado Unidos-España de Boston (4/6/2011) se perciben las mismas sensaciones que en el primer visionado. Fue un partido mayúsculo sin más galardón y oficialidad que el regalo a la vista. En una superficie que algunos tachaban de impracticable (los yanquis inventando el césped natural sobre el artificial), se dio un homenaje del balón pegado al pie y, sobre todo, al juego de los interiores, el que muchos técnicos harían desaparecer.

Cansados de ver imprecisiones en una zona del campo donde muchos entrenadores sólo ven riesgos para su equipo, la Selección Española dio carpetazo a las innovaciones técnicas, tiñó la cinta de celuloide y con ese color ocre nos hizo viajar al Jalisco de Guadalajara, unos 40 años atrás.

Con un Silva y Cazorla estelares en la primera mitad, y con la brillante aparición de Borja Valero en la segunda, junto a un contenido Iniesta, el repaso y las incontables combinaciones y conducciones precisas por donde hoy parece estar prohibido, nos reafirman en algo pero también nos originan muchas preguntas.

Entre las innovaciones técnicas y las futbolísticas hoy podemos elegir las primeras. La informática nos permite viajar hasta Azerbaiyán, donde se disputa la primera edición de la Caspian Cup, un torneo de selecciones en categoría, todavía, Sub-16.

Hasta esos lares, el seleccionador Santi Denia se ha llevado a un puñado de chicos nacidos en 1995. Ni siquiera estaban aquí cuando lo del codazo a Luis Enrique, pero sí en el momento de los mayores éxitos de nuestro fútbol.

Todos ellos forman un buen grupo. Cada uno posee unas interesantes condiciones. Pero es posible que todavía no se aventuren a analizar lo que les puede faltar como equipo.  No es su trabajo y sí el de los técnicos, y son muchos los que los han tenido a sus órdenes hasta llegar a este punto. Primero están los que los captan para su club. Luego los técnicos en el club. Después los seleccionadores provinciales que pasan los informes a los autonómicos, que a su vez hacen un concienzudo trabajo para que, supuestamente, los mejores jueguen en la nacional. Y todo servido para observar el tercer partido de la Caspian Cup entre Georgia y España.

Mucho ritmo al inicio. España, como siempre, moviendo el balón de lado a lado y, confirmado, esta es una selección que lo puede hacer como nadie, gracias a Sergi Samper (Barcelona, 20/2/1995) y Iker Undabarrena (Bilbao, 18/5/1995), dos buenos proyectos de medio centro, pero, en muchos momentos, con similar aportación al juego.

Los pupilos de Santi Denia se ponen por delante en el marcador en una jugada poco característica: tras un saque de esquina. Y hasta ahí se queda lo que el partido podía prometer.  Por un lado, Georgia, vistas las goleadas infligidas por los nuestros en los anteriores partidos, se pertrecha atrás. Por el otro, España baja el ritmo de la circulación, casi siempre en horizontal, y desvela la falta de un tipo concreto de jugador.

La incomodidad de uno es la comodidad de otro. España mueve rápido y con soltura la pelota a los costados, sin embargo, le cuesta retenerla entre líneas, en campo contrario. Por la derecha, participa más Samu Castillejo (Málaga, 1995), un centrocampista del Málaga con perfil de mediofondista y que tiene detalles similares al argentino Di María. Por insistencia y movilidad, compromete a los defensas rivales, pero tampoco es su día en cuanto a precisión y acierto. Su juego se desarrolla demasiado por fuera con acciones explosivas.

Por una particular concepción del juego, los entrenadores que aportan avances lo hacen del lado de lo físico. Jugadores los hay con diferentes matices y no por ello unos tienen que ser mejores que otros. Hoy, cuando debuta un chico, cuesta oír decir al técnico en cuestión que “se trata de un futbolista al que no le quema la pelota en los píes, así se siente cómodo y crea dudas en los rivales”.  No, no son esos términos los que dominan. “Tiene la cabeza bien amueblada, no se complica, es rápido y mira que físico tiene para su edad” son apreciaciones más repetidas.

Muchos técnicos, en su percepción pragmática, ven con recelo a esos jugadores capaces de retener la pelota entre líneas ante la presión agobiante del rival y que incluso acaban dándole pausa y profundidad al juego. Lo ven así porque se quedan con una parte de la acción o no son capaces de ver más allá. Y en esa escalera que hemos utilizado para explicar la cantidad de observadores que un jugador tiene antes de llegar a una selección como la Sub-16, hay que bajar al primer escalón para entender que el primer filtro es importante, y que, si unificamos criterios para elegir, lo pintoresco del juego quedará en un ocre que mancha y no te hace viajar.

 

 

 

 

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