Recomposición

Están a punto de cumplirse cinco años desde que Bojan Krkic Pérez (Linyola, 28/8/1990) se convirtiera en el niño bonito de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Una aparición anormal en su momento que devino en unas conclusiones lógicas, las que sacaron los técnicos, si tenemos en cuenta la enorme capacidad de desequilibrio, respecto a chicos de su edad (e incluso un año mayores) que mostraba a los Juan Santisteban y Ginés Meléndez en cada concentración  a la que era citado.

Pero los técnicos no sólo se dejaban llevar por las acciones que se venden fácil a la audiencia. A su clase diferenciadora de delantero total, aunaba un espíritu de dedicación y vena competitiva que contrastaba con el resto de sus compañeros de convocatoria para la cita que iba a tener lugar en mayo de 2006 en Luxemburgo.

En el autobús que se dirigía cada tarde al campo de entrenamientos en el país de las finanzas, Bojan tenía sentada a su alrededor a la florinata de la generación del 89. Y no hablamos de un equipo cualquiera. La selección Sub-17  de España (en sus diferentes generaciones) es la más laureada en Europa. Nadie, en ninguna otra categoría, ha conseguido tantos títulos. Ocho triunfos de 28 ediciones dejan mal cualquier otra calificación.

Aarón Ñíguez, Emilio Nsue o Rubén Ramos eran las perlas mediáticas de una generación que contaba con el torbellino Bojan como guinda para intentar degustar un pastel con forma de nuevo título. Y todo hacía presagiar que algo sabroso estaba por llegar a corto, a medio y a largo plazo.

El pasado sábado, casi cinco años después, Bojan conseguía con su gol marcar en  dos  jornadas seguidas. Un tanto que daba tranquilidad a las aspiraciones de su club en la Liga, pero que ni era de bella factura, como tampoco lo fue el de Sevilla, ni iba a cambiar la percepeción actual que el aficionado culé tiene de él, aunque algo más de solvencia sí está comenzando a mostrar.

Cuando el volcán Messi estaba a punto de entrar en erupción, en la temporada 2006/07, hizo su aparición, con sólo 16 años, un crío que alguno llegó a presentar como un escalón más en la evolución del crack total: jugador de gran desequilibrio y goleador de cifras siderales en cada una de las categorías que iba liquidando. Ya en el Europeo Sub-17 de Luxemburgo, donde el seleccionador Santisteban lo quería cuidar dándole entrada en las segundas partes, cambió los planes preestablecidos con su capacidad para reventar los partidos a base de jugadas de gran recorrido y definición. Derrochaba seguridad y confianza para su edad.

Un techo como juvenil que alcanzaría al final de la 2006/07, con el título Europeo, ya con sus compañeros de generación del 90, y con la clasificación para la final del Mundial, que no pudo disputar por una tarjeta más que rigurosa en la semifinal frente a Ghana. España sin Bojan fue menos y cayó en los penaltis. Se escapó la gloria del campeonato, pero llegaba otra reválida, la del primer equipo del Barça.

La promesa seguía alumbrando dentro de los pasos previstos. En esa temporada los culés mostraban una irregularidad que sería fatal al final de la competición, pero el joven talento iluminaba en sus esporádicas apariciones. Por eso Luis Aragonés lo convocó para debutar con la selección absoluta en un amistoso en Málaga. Allí La Roja, en plena división entre los que estaban a favor del seleccionador y los que le reprochaban en manifestaciones públicas la renuncia a Raúl, inició dos caminos: el de un año glorioso y el del descenso anímico de un niño al que todo le había ido demasiado rápido.

Aquel primer episodio de ansiedad pudo pasar algo desapercibido, pero el final de la temporada con su club y la llamada para la disputa de la Eurocopa de Austria y Suiza, colmó el vaso de las exigencias para Bojan, que tuvo que iniciar una recomposición mental, algo que hasta ese momento había sido fundamental en su juego, y que a día de hoy puede hacer entender la distorsión entre lo que nos ofrecía al comienzo y lo que hemos visto en los últimos dos años y medio. Y si es justo hacerlo más visual, se puede añadir que a la misma edad en la que él estaba viviendo todo eso, Raúl, 13 años antes, debutaba en Primera División.

Las elecciones no son fáciles cuando hay que tomarlas sobre chavales a los que se les va a exigir más que al 99% de sus coetáneos. No sólo hay que cuidarles ante la responsabilidad que se les va a encomendar, también hay que acertar con ellos. Hoy muchos aficionados se encaran frente a los que en su día les presentaron al incipiente Bojan como la siguiente maravilla de Can Barça, pero los técnicos de la selección consideraron que era una de las apuestas más seguras que habían hecho. Como la otra gran apuesta, aunque seguramente no tan decidida, como era la del resto de chicos, la mayoría del 89, para el europeo de hace cinco años.

Mikel San José, Alberto Botía, Álvaro Domínguez, Rubén Miño, Andreu Fontás, Rubén Pérez, Emilio Nsue, Dani Parejo, Jonathan Viera, Dídac Vilà y Ander Herrera tiene tres cosas en común: acaban de ser convocados por Luis Milla para jugar un amistoso Sub-21 frente a Bielorusia, nacieron en 1989 y todos podían, por edad, jugar el europeo Sub-17 de Luxemburgo en 2006, pero sólo uno de ellos lo hizo. Emilio Nsue contaba ya hace un lustro con una gran reputación en el mundillo de las inferiores, pero su camino hasta el día de hoy no ha sido fácil: no era cuestión de condiciones, lo suyo también ha ido del lado de lo anímico.

Emilio probablemente no será protagonista de biografías de deportistas con moral inquebrantable. Pocos lo son. Como pocos los que llegan a la meta que a muchos les recitaron con cantos de sirena. Y, sin embargo, todavía está en la lanzadera, el lugar lógico para un chico de 21 años con cualidades. Sólo él sabe cuánto le han cuestionado y los malos momentos que ha pasado. Y sólo él sabrá cuántas veces lo ha comentado con Bojan o si lo volverán a hablar esta semana en la concentración de la selección.

Tan sólo queda, desde Eldesafiodigital, homenajear al resto de chavales que Juan Santisteban eligió para representar a España en el Campeonato de Europa de la categoria Sub-17 que se disputó en Luxemburgo en 2006. Logrando un tercer puesto que honró más aún el palmarés de nuestra selección. Y la mayoría de ellos con una incipiente y prometedora carrera futbolística por delante.

Atlético de Madrid: Roberto García Calzada, Jesús Coca Noguerol, Ignacio Camacho Barnola y César Ortiz Puentenueva
Atlético Madrileño: Rubén Ramos Martínez
Osasuna: César Azpilicueta Tanco
Barcelona: José R. Baena Urdiales, Bojan Krkic Pérez y Cristian Vergara Verdú
Espanyol: Guillem Parera
Mallorca: Emilio Nsue López
Ranero: Pedro Alcalá Guirado
Valladolid: Sergio Asenjo Andrés
Valencia: Manuel Castellano Castro “Lillo” y Aarón Ñiguez Esclapez
Villarreal: Marcos Gullón Ferrera, José R. Hermosa Melis y Ramón Soria Alonso

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