Rozando el techo

Camiseta España Mundial

Haciendo un balance de toda la trayectoria de España en el Mundial, no nos sale como lo pintaban las selecciones de leyenda, y tampoco parecido al de la Eurocopa, salvo que también nos hemos llevado el título.

A las pocas horas de la finalización del torneo en Austria y Suiza, en una tertulia entre amigos, ya me adelantaba a opinar que no habíamos tocado techo. Porque este equipo era joven y, viendo las generaciones que asomaban, el recorrido daba para conseguir algún otro entorchado, incluso de forma más brillante.

Pero la conquista del Mundial ha sido una confortable sorpresa, y no porque la selección haya estado inmaculada. La bofetada contra Suiza tuvo mucho que ver. Porque España presentaba la mejor nómina de 23 hombres del torneo, pero venía de una trayectoria intachable que mosqueaba, y que hacía intuir que a no mucho tardar se iba a llevar un duro golpe.

Gracias a la derrota contra Suiza nos pintamos la cara y nos metimos en plena jungla sin margen de error. Los jugadores vieron muy cerca el abismo de la frustración y la oportunidad perdida, y el tono de la banda sonora que les acompañaba ya no cambió hasta que Webb pitó el final en el Soccer City.

Porque a veces se olvida que la realidad es la competición, y España se diferencia del resto por su estilo, que simplemente es una forma más de imponerse al contrario con unos condicionantes que pueden incluso anestesiar a sus propios jugadores. El pecado de los rivales, si es que se puede llamar así, fue que demasiado pronto nos hicieron daño con unas armas muy similares a las que nos iban a presentar todos en cada uno de los siguientes asaltos.

Si bien ya se habían escuchado avisos antes del torneo. El brillante seleccionador uruguayo, Óscar Washington Tabárez, comentó los días previos que el Inter había mostrado como ganarle a España. Y no fue hasta que Suiza se impuso de esa manera que nos lo creímos del todo. Hoy, gracias a Del Bosque, sabemos que aquella derrota hizo daño y nos devolvió a la realidad competitiva que, gracias a nuestra calidad, habíamos “olvidado” en un rincón desde junio de 2008.

España aunó a su calidad un curso acelerado de supervivencia para doblegar muros con diferentes fachadas y estructuras. Sabiendo que la pelota, al final, sería de su posesión. Todo en un guión de seis fechas memorables, pero muy difíciles de comparar con otras trayectorias legendarias.

Cuando en 2008 dije que los mejores momentos estaban por llegar no tenía ni mucho menos claro que nos lleváramos el Mundial de Sudáfrica. Jugárselo todo a un solo torneo de este tipo es de ser muy audaz, por mucha calidad que se tenga. Así que en mis osadas conjeturas me refería a las posibilidades en un recorrido de seis u ocho años, abriendo de esta manera el abanico, y con la seguridad de conocer la juventud de nuestros jugadores y las generaciones que pronto van a debutar.

España ha roto una barrera psicológica que sólo nosotros, dentro de nuestras fronteras podemos entender. Pero hacia afuera fuimos el equipo al que todos tenían que derrotar, y contra el que más se prepararon, y esa es otra muralla, histórica y psicológica, con la que hemos acabado.

Casi no se recuerda la última vez que un equipo que expuso tanto se hizo con la Copa del Mundo. Este es el gran logro universal de la selección, y es una realidad que además de calar en analistas y aficionados, ha de hacerlo en los técnicos y otros profesionales. Todo por la salud de un panorama futbolístico que tiende a una absurda simplificación.

13
jul 2010
SECCIÓN Deportes
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