Rudo Magnético

En el arte del engaño se sustenta la supervivencia de algunos jugadores.  Mientras muchos son los bien considerados esclavos, porque no queda otra, del esfuerzo visual y permanente, otros que un día partieron hacia algún lugar, desde que alumbraron sus grandes cualidades, lo harán por  el camino en la sombra que deja el perfil de la figura de rasgos perfectos, para intentar algún día rozarla. Antes del periplo, fue en Arroyo de la Miel (Benalmádena) donde vieron por primera vez  a Francisco Román Alarcón Suárez ese control de balón perfecto. Y ha sido en plena odisea donde ha hecho figurar a los rivales cosas que no son y que luego acaban siendo.

Eso es lo que pensó Lolo, el jugador de Osasuna, cuando defendió a ultranza su espalda y el área para después dejarlas libres. Con su magnetismo en la bota derecha, Isco atrajo a toda la defensa y sólo tuvo que girarse hacia atrás para desahecerse de ella, y con un toque sutil de rosca buscar el espacio que su enorme talento y control de la situación habían creado. Los grandes jugadores saben que ellos no pueden solucionarlo todo, así que Sergio Sánchez y Juanmi hicieron el resto.

Es así. A primera vista es un rudo. Si alguien que no lo haya apreciado antes, en cualquier campo por el que pase el Málaga, se fija atentamente en la forma de moverse sin balón de este diez único, habrá caído en la primera de sus trampas. En la siguiente, la que abre el tarro, y es desazón de sus presunciones, ya puede haber sido hechizado. Sabemos que cada fin de semana que pase, con él en el campo, nos podremos hacer partícipes del registro, en su inventario, de infinidad de recursos técnicos. Y todos seremos víctimas de un encanto que parte de la hermandad de la pelota con su bota derecha. Pero antes, en ese andar de culo caído, de patas cortas y arqueadas, aunque indudablemente fuertes y perfectamente acondicionadas, se trama de forma maravillosa uno de los mayores engaños.

¿Cuánto de inexplicable y extraordinario tiene lo que se recoge en ese frasco de esencia del fútbol? Hoy, en muchos campos modestos, ya trabajan a destajo ojeadores preparados para captar futbolistas que se encuentren en unos márgenes precisos. Hablamos de un rasero que sólo mide a partir de una complexión física que pueda desarrollar unas aptitudes esenciales. En esos parámetros, el futbolista de hoy debería ser incansablemente hiperactivo, fibroso, elástico y, sólo a poder ser, que contenga entendimiento del juego. Aunque estos ojeadores sean las primeras víctimas de ese engaño, no dejarán de ser, además, víctimas del pensamiento único. Los hay todavía, por el contrario, que siguen soñando con el fútbol que nace desde el contacto con la pelota. Un ejemplo simple, y hasta ingenuamente previsible, los primeros impulsores de Isco. Donde algunos vieron y otros todavía ven limitaciones físicas, otros aprecian una ventaja sobre los rivales, aunque, a sus 19 años, las sospechas sobre él se vayan inclinando ya hacia la atención, en perjuicio del menosprecio. Es posible, en este baño de ironía que nos empapa, que el día de mañana alguien escuche que Isco se beneficia de su físico para desarrollar el fútbol que lleva dentro. Pero ya no va a más un argumento que pone en un segundo orden la capacidad técnica de un futbolista. Si se quiere salir abochornado del intento, si puede (que parece que no cuesta tanto), ponga un ojo crítico antes de que ese elemento, que ahora ya le parece inhábil, haga un control extraordinario. Además, quién sabe si la vida de este malagueño hubiese sido, hasta hoy, más tranquila si su enorme talento hubiese coincidido con ese molde que tanto se busca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>