Y ya acabé con los estudios, los trabajos y demás y empecé con las ansiadas y merecidas vacaciones, que empezaron con este espectacular viaje a Nueva Zelanda del que ahora os voy a hablar en este capítulo 7. La excusa era extender la visa, de estudiante a turista, lo que ahora soy a efectos oficiales, pero la realidad era pegarme un viajazo y cumplir otro sueño visitando y conociendo esta fascinante país que está justo en las Antípodas de nuestro país, España, para ser más concretos, a 19.200 kilómetros de Valencia.
Junto con otro amigo valenciano, decidimos que la mejor opción de explorar este país formado como sabéis por 2 islas principales (la norte y la sur, luego también está Stewart debajo de la sur, pero es pequeña y no dio tiempo a visitar), sería la de contratar un tour en autobús que nos hiciera el recorrido entero del país parando por los lugares de interés y haciendo noches en diferentes pueblos o ciudades en hostales de mochileros.
Casi sin tiempo de haber disfrutado (o no) de Assassin’s Creed III, Ubisoft anunció la siguiente entrega de la saga, Assassin’s Creed IV: Black Flag, que supone un cambio de época (saltamos desde la Guerra de la Independencia americana a 1715), de personaje (no controlamos a Connor Kenway, sino a su abuelo, Edward) y de ambientación (¡piratas!). Aunque no me gusta que se exprima tanto la saga y creo que un juego cada dos años sería más que suficiente, hay que reconocer que de momento la cosa no pinta nada mal.
El viernes llegó marzo y con ello el otoño austral. Una pena si se va a poner a refrescar pero si con ello el clima se vuelve más seco será también bienvenido, porque menudos veranitos que se cascan aquí en Sydney. De los últimos 50 días habrá llovido 40 y no es exageración, especialmente los fines de semana… not nice at all ;__;
Las últimas seis semanas desde que volví de Melbourne han sido bastante monótonas: trabajando mucho y vuelta a la escuela donde afronto ya la antepenúltima semana y habiéndome quitado de encima los ‘assessments’ de la semana cinco.
Esta quinta entrega está centrada, como ya os avanzamos al final de la cuarta, en mi primera visita a Melbourne con motivo del primer Grand Slam de la temporada y segundo de mi vida, el Open de Australia. La visita consistió en un fin de semana largo de 3 días en la ciudad con entrada para el primer día de torneo, donde hasta 11 tenistas españoles entraron en liza.
De Melbourne dicen que es la ciudad más europea de Australia, y para muchos la más bonita, pero lo que sí es cierto es que la capital del estado de Victoria (capital del país entre 1901 y 1927, cuando se trasladó a la ciudad planeada de Canberra) y la segunda ciudad más grande y poblada del país, con unos 3’8 millones de habitantes, muy cerca de Sydney.
Primeras Navidades fuera de casa, con mucho calor y con un gran viaje inesperado como protagonista: Tasmania. Da la casualidad de que el último día allí vi El Hobbit, Un viaje inesperado, con lo que Bilbo y yo hemos tenido una experiencia religiosa en común. La tienda donde estoy trabajando cerraba 11 días durante las fiestas, así que con menos de una semana de antelación compré el vuelo aprovechando la situación y Hobart (que no Hobbiton) ha sido efectivamente ¡un viaje inesperado!
Estas atípicas Navidades comenzaron con una house party en Nochebuena. Barbacoa para cenar, 15 amigos (casi todo spaniards), música, chatting y buen rollo, un plan inmejorable. La comida del 25 fue todavía más atípica: dos sándwiches solo en casa y mientras me preparaba la mochila… Sonará triste pero tampoco hay que dramatizar o grandificar unas Navidades, ¡a las 6pm cogía un avión a Tasmania!