Segundo bautismo

Sobre lo azaroso de las segundas oportunidades, nos podemos empeñar en sacarle punta a las diferentes lecturas tras el encuentro de Stamford Bridge. Como una condena que se arrastra mucho antes de que se consuma el delito, Unai Emery ha de justificar todas las infructuosas empresas hacia cotas mayores para su equipo. En este último interrogatorio, para el que ni siquiera se presentó (no quiso hablar con los medios), debía declarar sobre su segundo intento fallido en Champions.

Ya se le había eximido por incapacitación temporal el pasado año en Alemania y para esta nueva edición iban a ser menos los condescendientes. Esa es la principal y definitiva diferencia con la que se observa a Emery y a Antonio Barragán. El lateral es tan perfecto desconocido que, para nombrarle, los comentaristas tiran de wikipedia y galleguizan a un futbolista que nació donde nació (Pontedeume), pero que es sevillano de escuela y de alma, insistiendo.

El bagaje es el que es y, analizando los primeros 45 minutos, para los que creen conocer al perfecto gallego, su actuación no sólo no es discreta, sino también errada, dando por hecho unas evidentes limitaciones. Alguien apostilla diciendo que echa de menos a Miguel. Para entonces, la reválida de Emery se confunde entre el argumento del control del balón y la certeza de la incapacidad para progresar por dentro. Y si miramos hacia afuera, en la izquierda, Alba emite señales menos confusas que las de Mathieu. Por la derecha, en contra de los prejuicios y del antojo comunicativo, Barragán muestra, sin gran continuidad, que tiene las dotes del lateral derecho. Y la mayoría llegan tarde, o no ven, cuando empieza a doblar la banda con gran presencia y a centrar con cierto peligro, en una justa muestra de lo que siempre prometió aunque muchos ya casi no contaran con él o sólo llegaron cuando volvió a ser bautizado.

De alguna manera no son menos los que han tenido razón. Los de la inconsciencia, que jamás se pararán a pensar en ello y están más pendientes de cómo saldrá de esta Emery, y los pocos que vieron al lateral incorporarse a una gran generación del 87; marcharse de Sevilla a Liverpool con el aval de las grandes promesas; irse al Deportivo, donde algunos le dieron la bienvenida de vuelta a casa y luego le criticaron por no saber a dónde había llegado; y así partir hacia Valladolid, en un viaje que parecía sin retorno con el rostro de los que ya no parecen lo que tendrían que ser. Porque a Barragán ya sólo le quedaba el alma de lateral derecho, cuando las condiciones físicas (1’85) y, sobre todo, técnicas eran algo ya tan difuso como su procedencia. Ahora, mientras busca de nuevo un momento, puede ver como su técnico alcanza ese colapso que le es familiar y quién sabe si le encamina hacia esa espiral en la que uno no sabe si tendrá fuerzas para agarrarse a un costado y no caer en el abismo. Al final del encuentro, algún conocido rezagado apreció el partido realizado por Barragán.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>