Su verdad y la nada

El contacto de su piel con la fría piedra de las paredes le hace estremecer. El corredor está totalmente en silencio. Sólo escucha tenues ecos que resuenan en su cabeza evocando melodías que sonaron una vez. La celda no huele a nada más que a humedad que huele a olvido. Hasta allí no llega ningún perfume conocido, traído de montañas o desiertos. Dentro de su boca seca descansa inerte su lengua agrietada. No sabe a pasta de dientes, fruta o cerveza. No sabe a nada. Así que se conforma con observar la oscuridad que inunda hasta el último rincón que alcanza su vista. Ya no busca nada puesto que no hay nada que encontrar. Ella, en su celda, hace lo mismo. Lo que hizo casi siempre. Está sentada y mira la vida pasar ante sus ojos. Aunque son tan profundos que aún no escondiendo nada detrás puedes nadar y ahogarte en ellos, conmovido por su inmensidad. Ya lo hizo alguna vez. Y ahora lo recuerda. Y también algunas instantáneas se pierden en su mente…

Momentos como la luz de un flexo reflejando en su sonrisa, su silueta apoyada en una pared próxima a un cruce de calles o una de las múltiples despedidas. Despedidas que en ocasiones eran dulces. En ocasiones amargas y a veces ambas cosas. Pero siempre se iba con el conocimiento de que cada una de ellas era un punto y a parte. Y a volver a empezar de nuevo. Una y otra vez. ¿Eligió fracasar? No. Fracasar es no haberlo intentado nunca. Y el arrepentimiento jamás ha de infectar al que hizo, sino al que dejó de hacer. Esto fue un error honesto. Le cautivó y vivieron el comienzo de la historia que nunca terminó. El final del réquiem que nunca empezó. Saben que no es verdad, pero prefieren creer en la “verdad”, como decía aquella canción.

Pero el ayer ya se hunde en un pozo dejado atrás, en una vida que no se supo aprovechar. No le pedía su sangre, tan sólo compartir momentos que nunca fueron vividos. Y ahora ya un solo sentido fluye a lo largo del corredor. Una suave brisa provocada por el último aliento, ese que intuye lo que podría haber sido y no fue. Y mientras ésta seca su sudor ambos continúan esperando. Pronto sólo quedará una mezcla de olvido y bonitos recuerdos. Cada uno en su celda, tan cerca pero tan lejos. Se miran una vez más a los ojos sin decir nada. Y a la vez diciendo buenas noches, buena suerte y hasta siempre. Es la resignación del reo que sabe cual será su final y hace tiempo que abandonó las fuerzas para seguir intentando fundir los barrotes que le separan de la nada. La nada. Y el todo.

29
ene 2009
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SECCIÓN Miscelánea
COMENTARIOS 1 comentario

Un comentario a Su verdad y la nada

  1. toma ya! peazo de historia de esas que si te la lees de un tirón no entiendes una mierda pero te gusta jajaja

    no, en serio, mu chula (espero que no sea autobiográfica)

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