Días de pequeño Mundial

Alguno pensará que el fútbol se sale un poco de la dinámica de unos Juegos Olímpicos, y es cierto que en cuanto a fechas cuesta unirlo a esta gran familia de disciplinas, pero una edición más no se ha quedado fuera uno de los hijos predilectos. De norte a sur de la isla grande, hoy se encenderá una pequeña llama para un torneo que tiene aire de Mundial, pero en el que Brasil todavía no ha tocado el metal más preciado.

Un día antes de que se encienda el pebetero, el balón, en categoría masculina (el de las chicas lo hizo ayer), comenzará a rodar con la intención de desentrañar algunas incógnitas. ¿Es Brasil tan favorita como dicen? ¿Uruguay hará pleno, de nuevo consiguiendo el oro, en su tercera participación en unos Juegos? ¿Y España podrá alcanzar un nivel similar al de la absoluta?

Seguir leyendo…

Hazaña sin nombre

Estirando todo lo que da el fundamento motivacional de Del Bosque hacia sus jugadores para la próxima Eurocopa, uno encuentra algunos pocos precedentes de una supuesta y similar pretensión. Sobra decir que si una selección encadena tres torneos seguidos a nivel absoluto no recibirá ningún galardón más allá del simbólico, aunque, si alguien se detiene a observar esos recovecos de la historia del fútbol, puede encontrar cosas interesantes en pos de una hazaña realmente inconsciente, para aquellos que estuvieron a punto de lograrla sin saberlo.

Seguir leyendo…

La generosidad

A la hora en que el Barcelona estaba dando uno de los mayores recitales de la historia del fútbol frente al Santos, Miguel Ángel Sáinz-Maza (Santoña, 6/1/1993) anotaba uno de los goles que mejor sintetiza los poderes de su repertorio: arrancada en potencia, una bicicleta para amagar, otra para acomodarse y una tremenda sacudida con la izquierda, su pierna mala, que paradójicamente posó el balón en la escuadra.

Seguir leyendo…

Ser feliz en la derrota

Es irremediable. Cuando llega un Mundial o una Eurocopa los titulares se repiten, las secuencias de los partidos recuerdan a las de anteriores eventos y los desenlaces son copias vivientes de lo que ya vivimos. Hoy, como ayer, podemos decir que España se fue del Mundial Sub-20 de Colombia tras jugar su mejor partido en el campeonato.

Brasil estuvo a merced de las camisetas rojas de forma tan visual gracias a la buena imagen que dieron Ecuador, Costa Rica y Corea del Sur con la presión que realizaron sobre los nuestros en partidos precedentes. Después del repaso literal en la posesión de los primeros setenta minutos de encuentro, tan sólo el ligero respeto que cualquier ser viviente pueda tener por esa camiseta amarilla explica que partido no se hubiese cerrado con cierta premura.

Seguir leyendo…

Se apagó una luz

No igualó a lo que pasó en Cartagena –donde se apagaron repentinamente las luces de las cuatro grandes torres-, pero una, la de cualquiera de las cuatro esquinas de El Campín se fundió de golpe. El estadio bogotano no verá más fútbol hasta la final y el partido por el tercer y cuarto puesto, y en ellos no estará una de las patas de esta mesa: Colombia.

Demasiado recurrido, pero es cierto: la cabeza fría es clave para superar unos partidos sin margen de error que, debido a la sucesión de los mismos, convierten un Mundial en una competición de ultrafondo. Casi convenimos que Colombia, peso a peso, es una de las tres selecciones con más talento del torneo, o era. Por el contrario, también era notoria su tendencia a convertir los partidos en una caja de truenos, donde uno no sabía cuando iba a llegar la nueva e inquietante sorpresa.

Seguir leyendo…