La libertad bajo llave

El neumático no pinchable está guardado bajo llave en alguna caja fuerte. Mientras tanto y por esa misma razón mueren al año miles de personas. Ya se inventaron las lavadoras irrompibles, pero ningún fabricante se atreve a ponerlas en el mercado. Hace ya tiempo que un tío creó unas medias que no sufren carreras, pero una importante marca de pantis compró la patente por un dineral con el único objeto de destruirla. El lobby del petróleo concentra todos sus esfuerzos en retrasar la expansión del coche eléctrico, de lo contrario estos automóviles ya estarían circulando por todas las calles; Mientras tanto la tasa de monóxido de carbono aumenta a un ritmo vertiginoso y esto provocará cientos de desastres naturales en los próximos cincuenta años. La pasta de dientes es un producto inútil ya que toda higiene dental radica en la mera acción de cepillárselos y el dentífrico solo sirve para refrescar el aliento. Los detergentes líquidos son intercambiables, en realidad la máquina efectúa toda la operación de lavado. Los cd’s se rayan tanto o más que los vinilos. El papel de aluminio está más contaminado que el amianto. La fórmula de las cremas solares no ha variado desde la segunda guerra mundial; Protege de los rayos UVB, pero no de los rayos UVA. Estamos condenados de todos modos al cáncer. De hecho si la gente pudiera vivir hasta los 150 años y no enfermara hasta esa edad, todos moriríamos de cáncer. Algún día todo el mundo morirá asesinado o de cáncer…

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20
ene 2009
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SECCIÓN Opinión
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Gris

Foto: EFE

Antes de ayer, yendo en Metro a eso de las 11 de la noche, me topé con una feliz familia que volvía de presenciar la cabalgata de los Reyes Magos de Oriente. La parentela estaba compuesta por una joven pareja y sus dos hijas de unos siete y ocho años, más o menos. Me senté en frente de ellos y observé un rato la escena. Las entrañables criaturas iban vestidas con idénticos conjuntos pero mientras que una de ellas miraba todo el tiempo a su alrededor con ojos bobalicones la otra no cesó un solo segundo de parlotear con asombrosa rapidez.

La parlanchina en cuestión alternaba cada comentario con golpecitos a sus progenitores y chirriantes reclamos en forma de ‘papi’ y ‘mami’. En sus manos sostenía un grueso catálogo de juguetes de El Corte Inglés. Ávidamente hacía bailar sus dedos hoja tras hoja, no sin antes señalar en cada una de ellas al menos un artículo que quería encontrarse bajo el árbol horas después. ‘Quiero este y este…Y este también, y este y esteyestesteste” ante la indiferencia de su padre que, estoicamente, soportaba la marea infantil sumergiéndose en sus propios pensamientos.

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