Se apagó una luz

No igualó a lo que pasó en Cartagena –donde se apagaron repentinamente las luces de las cuatro grandes torres-, pero una, la de cualquiera de las cuatro esquinas de El Campín se fundió de golpe. El estadio bogotano no verá más fútbol hasta la final y el partido por el tercer y cuarto puesto, y en ellos no estará una de las patas de esta mesa: Colombia.

Demasiado recurrido, pero es cierto: la cabeza fría es clave para superar unos partidos sin margen de error que, debido a la sucesión de los mismos, convierten un Mundial en una competición de ultrafondo. Casi convenimos que Colombia, peso a peso, es una de las tres selecciones con más talento del torneo, o era. Por el contrario, también era notoria su tendencia a convertir los partidos en una caja de truenos, donde uno no sabía cuando iba a llegar la nueva e inquietante sorpresa.

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