Hilvanando

Decepción, esa es la palabra. La decepción puede acabar en llanto, rabia y hasta ira. Y se puede fundamentar de muchas maneras. En ocasiones se quiere explicar lo inexplicable y perdemos, en nuestra valoración fría, la perspectiva más real de las cosas y que parte, entre la nebulosa de los sentimientos, de lo más inalterable: el tiempo. Para los momentos fugaces, caducos, y para los grandes recorridos.

El tiempo nos puede cambiar, pero no hay marcha atrás.

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