Su verdad y la nada

El contacto de su piel con la fría piedra de las paredes le hace estremecer. El corredor está totalmente en silencio. Sólo escucha tenues ecos que resuenan en su cabeza evocando melodías que sonaron una vez. La celda no huele a nada más que a humedad que huele a olvido. Hasta allí no llega ningún perfume conocido, traído de montañas o desiertos. Dentro de su boca seca descansa inerte su lengua agrietada. No sabe a pasta de dientes, fruta o cerveza. No sabe a nada. Así que se conforma con observar la oscuridad que inunda hasta el último rincón que alcanza su vista. Ya no busca nada puesto que no hay nada que encontrar. Ella, en su celda, hace lo mismo. Lo que hizo casi siempre. Está sentada y mira la vida pasar ante sus ojos. Aunque son tan profundos que aún no escondiendo nada detrás puedes nadar y ahogarte en ellos, conmovido por su inmensidad. Ya lo hizo alguna vez. Y ahora lo recuerda. Y también algunas instantáneas se pierden en su mente…

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29
ene 2009
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SECCIÓN Miscelánea
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