Gris

Foto: EFE

Antes de ayer, yendo en Metro a eso de las 11 de la noche, me topé con una feliz familia que volvía de presenciar la cabalgata de los Reyes Magos de Oriente. La parentela estaba compuesta por una joven pareja y sus dos hijas de unos siete y ocho años, más o menos. Me senté en frente de ellos y observé un rato la escena. Las entrañables criaturas iban vestidas con idénticos conjuntos pero mientras que una de ellas miraba todo el tiempo a su alrededor con ojos bobalicones la otra no cesó un solo segundo de parlotear con asombrosa rapidez.

La parlanchina en cuestión alternaba cada comentario con golpecitos a sus progenitores y chirriantes reclamos en forma de ‘papi’ y ‘mami’. En sus manos sostenía un grueso catálogo de juguetes de El Corte Inglés. Ávidamente hacía bailar sus dedos hoja tras hoja, no sin antes señalar en cada una de ellas al menos un artículo que quería encontrarse bajo el árbol horas después. ‘Quiero este y este…Y este también, y este y esteyestesteste” ante la indiferencia de su padre que, estoicamente, soportaba la marea infantil sumergiéndose en sus propios pensamientos.

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