The Enemy: pasarse al enemigo

The Enemy

Con sólo que el trío de Coventry enfilara las escaleras que llevan al menudo escenario del Ibiza Rocks, cualquiera se dio cuenta de que We’ll live and die in these towns, no sólo da nombre a su primer disco, se sienten orgullosos de él, y lo muestran con sus agallas bajando hasta el escenario, aunque Tom Clark (voz y guitarra) y Liam Watts (batería), apenas superen la barandilla. Andy Hopkins, al bajo, es el alto de un grupo, The Enemy, que en su primera visita a nuestro país, en el Bar M de San Antoni, sorprendieron por su extraordinaria juventud.

Apenas cinco minutos pasaban de las diez de la noche del martes 31 de julio, y la primera pose de niñato desafiante de Clark coincidía con los acordes del primer tema de la noche. Y con una lluvia de cerveza sobre las primeras filas procedente de las traseras, que indicaban lo fácil que es pasarse al enemigo. De ahí al final del concierto, los centenares de brazos que abarrotaron el local levantaron múltiples cuerpos de personas deseosas de dejarse llevar por una atmósfera que fluyó entre el punk y el pop más británico.

Pero no fue hasta el segundo tema, Away from here con el que el público se metió de lleno en las letras, que son como agresiones y provocación permanente y que parten de la boca de Clark. Y en el ecuador del concierto las palmas en uno de sus primeros singles, Had Enough, dieron aires de público español a un auditorio claramente inglés. Y casi por casualidad, o ni siquiera teniendo conciencia de ello, el vocalista agradeció la ovación final al tema con un gracias bien castellano, pero dirigido sin demasiada fiabilidad. Da igual, ellos siguieron a lo suyo, llegaban las canciones más aclamadas, y lo sabían.

Hopkins, la poco meritoria torre de The Enemy, tuvo su momento de gloria con It’s not OK, y se dispuso a hacerse el muerto en todo aquel mar de brazos y cerveza. La cosa no le salió barata, y las pirañas del Bar M acabaron con la camiseta del Coventry que hasta ese momento lucía orgulloso, y si no lo hicieron del todo, el mismo se encargó de abrirla como si de una camisa de botones se tratara. Mientras, ya sonaban los acordes del himno que da nombre al primer trabajo de la nueva ola de los Midlands.

En pleno éxtasis, abajo el zumo de cebada volando, y arriba el zumo con licor y otros sólo bebiendo agua, You’re not alone, fue aclamada tras la anunciada despedida. Después, los tres rivales, que habían sido grandes durante algo más de sesenta minutos, se llevaban un aforo completo y se hicieron paulatinamente pequeños al subir cada escalón.

12
ago 2007
SECCIÓN Música
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