The Wire

The Wire

Hace unos días, durante mi viaje por Fuerteventura, por fin pude terminar de ver The Wire, considerada por muchos como una de las mejores series de televisión que se han hecho nunca. Creada por David Simon y Ed Burns y emitida por la HBO (dónde si no) entre 2002 y 2008, The Wire tuvo cinco temporada y sesenta capítulos.

The Wire nunca fue una serie de gran éxito entre el público, al estilo de Perdidos, pero sí logró ganarse a la crítica y varios años después de su final se ha convertido casi en una serie de visionado obligado para cualquier amante del cine o la televisión. Después de verla, se entienden perfectamente las buenas opiniones que hay sobre ella.

The Wire está ambientada en la ciudad de Baltimore, una gran urbe conflictiva donde los traficantes de drogas le tienen ganada la batalla a la policía. La serie arranca cuando un traficante acusado de asesinato es puesto en libertad después de que una testigo cambie su historia. Jimmy McNulty (Dominic West), detective de Homicidios de la Policía de Baltimore, le cuenta a un juez que nadie en el cuerpo de policía está investigando a Avon Barksdale, el traficante más poderoso de la ciudad, que cuenta a sus espaldas con numerosos asesinatos por drogas.

El juez se queja a los altos mandos de la policía y se decide montar un equipo especial para investigar a Barksdale, aunque sólo para contentar al juez, sin intención de apoyar realmente la investigación. Cedric Daniels (Lance Reddick) es el encargado de dirigir este equipo en el que se encuentran el propio McNulty, Kima Greggs (Sonja Sohn), Lester Freamon (Clarke Peters) y Roland Pryzbylewski (Jim True-Frost), entre otros.

Uno de los aciertos de The Wire es que no sólo se nos muestra la labor policial de una forma realista y cruda, sino que también vemos el mundo criminal. Así, Avon Barksdale (Wood Harris), su mano derecha Stringer Bell (Idris Elba) o varios de los traficantes que tienen distribuidos por la ciudad juegan un papel igual de importante en la serie, del mismo modo que Bubbles (Andre Royo), un adicto que es informante de la policía o que Omar Little (Michael K. Williams), una especie de Robin Hood que se dedica a robar a los traficantes.

Esta constante se mantiene a lo largo de la serie, aunque la investigación va cambiando. En la segunda temporada se centra en un caso de contrabando en el puerto destapado por la muerte de varias inmigrantes ilegales; la tercera tiene que ver con el ascenso político del ambicioso David Carcetti (Aiden Gillen) a la alcaldía de Baltimore; la cuarta temporada nos muestra el estado de la educación entre las clases bajas de Baltimore; y la quinta y última nos muestra los tejemanejes del cuarto poder: la prensa.

En cada temporada se suman nuevos personajes al reparto y es que, más allá del realismo y de los guiones minuciosamente realizados, el gran mérito de The Wire es crear unos personajes auténticos, vivos y compuestos por muchos tonos de gris. Ni los policías son los buenos, ni los traficantes son los malos. Todos son moralmente reprobables en un sentido o en otro, todos tienen trapos sucios y a casi todos se les acaba cogiendo un cierto cariño.

Si todavía no habéis visto The Wire, no esperéis más. Os recomiendo que empecéis a ver la serie con calma. Quizá no es una serie para todo el mundo y puede que el primer capítulo no os atraiga de primeras como ocurre con otras, pero si no es el primero, será el segundo y si no, el tercero. Al final acabaréis enganchados al “juego” de Baltimore y me daréis las gracias.

03
jul 2011
SECCIÓN Cine y TV
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