Trece años para la mejor Sub-21

Echaremos un vistazo a los últimos trece años. Sin ir más atrás, como hasta la Euro Sub-21 de Barcelona en 1996, con De la Peña y Raúl liderando a un equipo que ilusionó sin llegar a cristalizar.

Valerón y Guti como precursores

En 1998, Rumanía recibía a una generación dirigida por Iñaki Sáez en la que para disfrutar de momentos brillantes había que esperar hasta las segundas mitades. Cuando Juan Carlos Valerón y Guti coincidían en el campo, se interpretaba el fútbol de otra forma, con jugadas precisas y esmeradamente hilvanadas que nacían desde la asociación o desde la talentosa iniciativa individual. Ellos eran un contraste en los tiempos en que esta posesión se observaba con sospecha, y como si algo parecido a la lástima del técnico les diera cabida en un grupo que, en su mayoría, tenía otras virtudes. Cualidades que, entonces, eran las que se percibían -casi como pensamiento único entre muchos profesionales- como realmente promisorias y con proyección hacia la eficacia. Aquel equipo fue campeón y el portero Francesc Arnau elegido jugador del campeonato.

Xavi

Algunos de los héroes de Nigeria en 1999 empezaron a integrarse en la camada que perseguía el siguiente certamen Sub-21 y que daba paso a las Olimpiadas de Sidney 2000. Entre jugadores de indudable voluntad y compromiso, como Puyol, Albelda o Marchena, asomaba, por debajo, Xavi, con su casi innata seguridad en el manejo de la posesión. Él era aquí el representante de la profundidad, el superviviente de la visión de juego que tanto vértigo daba a muchos técnicos y que todavía da algunos. Por eso hay que agradecer su facial apariencia de estar predispuesto a cualquier demanda de un superior. No sabemos si fue por ese formal gesto en su rostro, por el sabio conocimiento de algún miembro anónimo de la federación o por la propia conciencia del seleccionador, que le exigía no desdeñar esa vía.

A medida que la generación de Xavi se abría paso en el último escalafón de las inferiores, en los primeros, los de los más pequeños, se iban acumulando jugadores con buen trato de balón. Muchos de ellos, por una razón u otra, hoy son personas anónimas o apenas llenaron titulares en su etapa cadete o juvenil.

Motivos para una revolución

Algunos dicen que fue por la Quinta del Buitre. Otros creen en la inspiración que fue el Barcelona de Cruyff o incluso la selección de Barcelona 92. Pero los campos del fútbol modesto se fueron acondicionando y el balón se acomodó mejor en los pies de unos niños que querían liberarse y tomar la iniciativa. Llegó el momento en que los técnicos, todavía en niveles regionales, se acomodaron a las virtudes de sus jugadores. No era preciso seguir yendo contra natura.

Comenzando el nuevo milenio, las  siguientes generaciones se fueron mezclando en ese tremendo contenedor que siempre es la selección Sub-21. Algunos de los factores que siempre condicionan la competición y, sobre todo, las dudas referentes a la identidad mal encauzada de ese cúmulo de talentos hicieron que las generaciones venideras no vivieran otra fase final hasta Suecia en 2009. La pubertad del futbolista no está en la categoría Sub-17 y sí en la que estamos tratando. Es el choque frontal del novel con el fútbol profesional.

Establecimiento del nuevo régimen

Mientras la selección absoluta había dado un vuelco a las dudas apostando definitivamente por un estilo en el que poco importaba el tamaño y sí la cantidad, la selección de López Caro afrontaba la cita escandinava con dos potentes atacantes reconvertidos a la posición de medio centro: Javi García y Raúl García. El equipo, con muchos jugadores interesantes en plantilla, fue un mar de inseguridades de las que no supo salir a flote. Los rivales apostaban por cederle la iniciativa, pero la estructura del equipo impedía la fluidez necesaria para afrontar esos planteamientos. El equipo no termino de engrasar y se marchó para casa en la primera fase.

En aquel momento, hacía dos años que Bojan y los suyos habían metido a España en la final del Mundial Sub-17. Sólo un año atrás, Tiago y sus compinches golearon a Francia en la final del europeo de la misma categoría. Y en ese mismo 2009 asomaba la generación del 92, la que para muchos es la camada de camadas del fútbol español.

Mientras muchos fanáticos de la roja saboreaban como un triunfo único la consecución de la Eurocopa de Austria y Suiza y no querían pensar en Sudáfrica por si despertaban de un sueño,  la base se volvía a recargar de inspiración, descaro y solvencia.  Una vuelta de tuerca que aún muchos ni se imaginan.

Camino del europeo de Dinamarca 2011, el depósito de talento iba a ser guiado por Luis Milla, en su día genuino producto de la escuela Barça. No era fácil la papeleta. La Sub-21 parecía un conjunto que avanzaba perdido dentro del anclaje de los equipos inferiores federativos. Le costaba imponerse a rivales pegajosos que, en su mayoría, esperaban a la selección atrás y con afianzados recursos defensivos, a diferencia de combinados de categorías menores.

A base de orgullo consiguió alcanzar la fase final. No sin antes batirse con una dura Holanda en la clasificación y siendo muy competitiva frente a Croacia en la eliminatoria previa. Eso impulsó a la selección, pero lo que la afianzó fue encontrar su once.

De Gea, Javi Martínez y Mata ya eran jugadores consolidados en la elite. Hasta ese momento habían tenido una larga lista de compañeros que habían ido rotándose en unos duros dos años de clasificación. Así, para la cita danesa, Tiago Alcántara e Iker Muniain ya no eran dos invitados casuales y sí dos piezas carburadas en varios partidos previos. Ellos dotaron al equipo de inquietud para los rivales y de solvencia en la posesión, y podían haber sido la guinda si Adrián no se hubiese destapado definitivamente como un goleador de clase y hasta eficaz.

De alguna manera, por las dudas previas, la trayectoria de ese equipo campeón recordó al de Luis Aragonés en 2008.

Alta escuela

Uno repasa la primera mitad del partido en Georgia y no puede más que seguir frotándose los ojos. Es cierto que hay que medir a la actual Sub-21 desde su entorno competitivo, pero si hiciéramos una valoración a escala, sin duda sería el as de espadas de sus escuadras coetáneas  a nivel planetario. Por la elegancia de su juego, el dinamismo y la clase de sus jugadores, es un equipo de época.

Asusta pensar lo que pueden llegar a alcanzar y a su vez (conociendo a las claras lo crueles que son las fases finales de selecciones) da respeto augurarle un futuro.

Para empezar lleva pleno de victorias en la actual andanza en la categoría, algo que no se recuerda en un combinado español Sub-21. Además, ante la baja de jugadores promisorios como Canales, entran otros como Sarabia o Cuenca que muestran un desparpajo en consonancia con el nivel que vienen mostrando sus compañeros ya afianzados. Y llegarán más. Porque esta selección, como ya apuntamos, es el contenedor donde van mostrándose los jóvenes que se afianzan en sus primeros equipos (sobre todo en Primera división) –medida que se podrá debatir en otra ocasión-.

La primera parte del partido frente a Suiza del pasado lunes no ha llenado portadas de periódicos, ni ha sido la comidilla de los foros más importantes en la materia. Es una muestra de alta escuela, casi imposible de ver hoy y que se recomienda revisar a todo aficionado con una apreciación específica por el buen trato de la pelota.

Tras el partido, el seleccionador Luis Milla comentó que era una lástima no poder volver a reunir al grupo en un mes. Concretó (versión estrictamente federativa) que era para aprovechar el buen momento competitivo. Pero uno cree que no era sólo por eso. Cuando este equipo comienza a mover la pelota, seguramente el técnico tiene la sensación reconfortante del profesional que tiene entre manos algo que no sólo vale la pena (y no es sólo versión de Eldesafiodigital). Son circunstancias inauditas que hay que aprovechar porque no hace falta añadir que pueden no volver a darse.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>