Una respuesta al fútbol “convencional”

mr

La Sub-16 española salió hace unas horas con Ramiro Guerra de mediocentro, Ander Sáenz de enlace y con una línea de tres jugadores que en muchas ocasiones son más delanteros que medios: Aleix García, Diego Altamirano y Sergi Canos. Arriba, una referencia clara como es Rafael González “Chuma”. Seis piezas de engranaje en ataque que no tienen tanto que ver con la masa pensante que aflora en la absoluta. Se trata de jóvenes con tendencia a verticalizar sin negociar las otras opciones que se dan con el control del balón, ya que tal vez no son sus cualidades básicas.

Tan solo el realista Sáenz sí ofrece ese perfil de búsqueda de la progresión desde el manejo, sin llevar la acción al límite. A su alrededor, durante muchos minutos, sobre todo fibra y determinación. Y sin embargo España salió como de costumbre a dominar en campo contrario y a darle velocidad al balón. No hicieron falta demasiados arabescos para superar a un rival ordenado, que tampoco acabó desarbolado.

Porque la síntesis de hoy es esa: orden, intensidad y agresividad. Hace tiempo que ya se encontró un rival al que plantearle obstáculos, solo que a este que acepta la iniciativa con pocos reparos lo tienen enfrente muy de vez en cuando. ¿Qué ocurre entonces cuando lo convencional se enfrenta a lo convencional?

Es cierto que el Madrid saltó en Old Trafford llevando la iniciativa. Traía un resultado negativo de la ida y su rival no iba a correr el riesgo de dar pie a situaciones en las que la potencia y velocidad del Madrid son claves, y más con espacios. Pero la incomodidad de los blancos en ese escenario nada inesperado se hizo de nuevo patente. Falto de aptitudes y escaso de piezas para intentar resolver en pocos espacios, se dejó a la corriente que de alguna manera resuelve un partido tan cerrado: la suerte que algunos llaman un detalle.

En la segunda mitad de la Ciudad del Fútbol de las Rozas, Álvaro Fidalgo, Mario Rodríguez, Ferrán Sarsanedas e Íñigo Córdoba hicieron acto de presencia y la pelota comenzó a moverse desde otras inquietudes. Se empezó a jugar con el espacio y el tiempo, con la premisa de desordenar al rival de diferentes formas, a fin de encontrar ese desajuste. A una velocidad y con apenas una dirección, Hungría había sido capaz de mimetizar el movimiento defensivo necesario. Ahora, el cansancio hacía mella y la variedad de movimientos de la redonda se tornaba en un juego casi indescifrable.

La segunda parte del Madrid fue pura inhibición en Mánchester. La inició ya sin saber cuál era su rol en el partido, viéndose incapacitado para cualquier iniciativa convincente en semejante escenario. Lanzándose con una venda en los ojos, ya por debajo en el marcador, demostrando que no hay plan más allá de la desesperación. Y solventando la eliminatoria cuando su rival, con uno menos, demostró que su bagaje y su moral tampoco iban mucho más allá de lo convencional: pobre de aquel que sea desarbolado.

El primer partido internacional para unos y uno de tantos para otros. No se crean que la presión que sintieron unos y otros estuviera tan alejada. Es más, en cuanto a enseñanza, y encarando el juego desde las diferentes incógnitas que se presentan al llevar la iniciativa, unos habrán encontrado respuestas más convincentes que otros. Esperemos que sea por el afán de poder desarrollarlas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>