Xabi Prieto

Xabi Prieto

A los 27 años la madurez de un futbolista no podría evidenciarse más. Dotado de una clase extraordinaria que muestra con mucha solidez, Xabi Prieto (San Sebastián, 29/8/1983) prácticamente sólo ha jugado en el equipo de su ciudad.

No se puede anunciar que haya abandonado el anonimato, pero los primeros murmullos los provocó en la selección sub-21. Llegó a jugar algún partido de la mano de Iñaki Sáez, ocupando la banda derecha. No era el más constante, pero sus intervenciones cargaban las acciones de sentido. Sus quiebros y la manera de conducir ya despertaban alguna curiosidad.

A pocos jugadores, en relación a su calidad, les ha quedado tan mal la trayectoria de su equipo. El andar de la Real Sociedad en el último lustro coincidió con la confirmación del jugador más talentoso desde López Ufarte. Y su fútbol de alta costura alternó con la trayectoria de la Real en un fútbol de pasarelas sin flashes. Le llegaron las lesiones, el infortunio y las decepciones, pero al mismo tiempo se iba horneando un jugador sensacional.

Fútbol de jerarquía

La consolidación de Prieto coincide en el tiempo con la irrupción de otros jóvenes valores de Zubieta. Griezmann, un joven francés y apuesta clara de la dirección técnica cuando era sólo niño, está comenzando a hacerse un nombre. Pero no sólo la zurda del galo ha destacado en estas primeras jornadas, Zurutuza y Aguirretxe están consolidándose después de la irregularidad de sus trayectorias.

Estos son sólo unos pocos de los que dan aire fresco al equipo, pero el empaque es cosa de menos. La jerarquía en ataque es cosa de Xabi. Él sólo, cuando controla el balón en una acción ofensiva, transmite que algo va a ocurrir. Y es inevitable, viendo su figura alargada y conducción elegante, recordar la dirección de Valerón en el Deportivo de la Coruña. Su acción en el gol de Joseba Llorente en la pasada jornada es uno de los mejores ejemplos de feedback, y una muestra más de que el fútbol es arte y, por lo tanto, cultura.

Llamado a cotas mayores

Perfil bajo, fútbol de alta escuela; fuera de la polémica, él habla en el campo; generoso en el trato, atrevido con el balón. Algunas de las características del txuri urdin son muy similares a las de sus  colegas habituales en las listas de Del Bosque. Su fútbol no desmerece, ni desentonaría junto a una pléyade de reconocidos talentos. Sólo son los focos que apuntan hacia caprichosas direcciones los que a veces dejan de lado a gigantes anónimos. Y no sólo sería por su fútbol, el reconocimiento sería para una escuela que ha dado tantos internacionales que los jóvenes que hoy han visto triunfar a la roja jamás imaginarían.

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